Ya vienes en camino, pero la dulce espera puede ser muy larga para una mamá impaciente como la tuya. Para hacerla más corta, compartiré contigo cada hito de estos emocionantes nueve meses

jueves, 13 de diciembre de 2012

A todo pulmón




Nenecito, dicen que uno de los signos inequívocos de ser madre es anteponer el bienestar de los hijos al propio, y poco a poco comienzo a notarlo contigo. Siempre he temido a las inyecciones. No dejé que me las colocaran cuando me dio hepatitis y me recetaron un complejo de vitamina B y rehúyo a cuanta vacuna no obligatoria exista —por ejemplo la de la gripe—. Sin embargo, hace un par de semanas la doctora me recomendó hacer un tratamiento para favorecer el desarrollo de tus pulmoncitos. Era preventivo —no obligatorio— pero ella lo recomendaba. ¿Cómo iba yo a negarme a que tengas tus organitos perfectamente sanos?
En el embarazo yo, la que se cree farmaceuta, la que no evitaba un atamel ante el menor malestar, he renegado de las medicinas porque no quiero que en mi cuerpo haya ningún químico que no sea nutriente necesario. He preferido tolerar los malestares que, gracias a Dios, no han sido de envergadura. El inyectarme pues, ese betagen que consiste en una dosis de esteroides según tengo entendido, no me hacía ninguna gracia. Pero luego de pensarlo y pensarlo (confío casi ciegamente en mi sabia doctora) lo sensato me pareció hacerle caso a la obstetra. Y así lo hice.
La aguja fue lo de menos nené. La tía Irene Weil tiene unas manos perfectas. No dolió. Las secuelas llegaron después. Fueron 24 horas con el rostro enrojecido, dolor de cabeza y, sobre todo, un indomable insomnio. Al día siguiente tocaba una nueva dosis y, por más que temía volver a repetir la molesta escena, pensé que lo mejor por ti y para tus pulmoncitos era seguir adelante y colocarme la segunda y última inyección. Y así lo hice. Y el malestar repitió. Pero no me he arrepentido ni un instante y eso me hace sentirme una buena mamá: tú eres la prioridad máxima. Tú y sólo tú.
También he dejado de poner música muy movida o no tan armónica en el carro. Me temo pueda asustarte semejante estruendo! Ahora el playlist pasa por tu filtro: melodías que puedan hacerte sentir muy feliz ahí dentro. Que nada perturbe tu paz allí en mis entrañas. En fin… aunque aún no me habitúo al título cada vez te siento más mío y ese enorme peso de responsabilidad me hace pensar mis actos dos veces. Creo que seguirá siendo así de ahora en adelante. Tú nené me estás convirtiendo en mamá. Tú mamá.