Ya vienes en camino, pero la dulce espera puede ser muy larga para una mamá impaciente como la tuya. Para hacerla más corta, compartiré contigo cada hito de estos emocionantes nueve meses

martes, 2 de julio de 2013

Ni un pelo de tonta

Alejandro, desde que naciste, y sobre todo estos últimos meses, se me cae mucho el cabello. He leído al respecto y sí, es tu culpa: el fenómeno es producto del posparto. Pero no importa mi nenecito, ya crecerá. Al igual que tú, que cada día nos asombras con nuevas proezas. Mis pelitos están por toda la casa, más ahora que sabes cómo jalarlo con fuerza. Los veo en tus manitas, en tus brazos, en mi pecho, en el piso y en tu culito me he topado con un cabellito rubio impertinente.
Con tus recientes habilidades motoras has cambiado mi look. Adiós (bueno, hasta luego) melenas sueltas, sarcillos largos, camisas muy cerradas que me impidan darte pecho con facilidad. Has logrado lo que tu papá en 13 años no ha podido: bajarme de mis amados tacones, esos con lo que me siento más esbelta y estilizada. Pero por ti, la vida: me he convertido en una mamá pragmática y (lo admito: me preocupa) menos coqueta. Jamás arriesgaría caerme contigo en brazos.

A veces se me baja la moral, vuelve esa autoestima mía tambaleante. Pero, te veo y ya no me queda interés en el espejo, ni en los complejos. Trato de ponerme lo más linda que pueda para tu papi, pero siempre pensando en la comodidad maternal. Total, a él siempre le había gustado esa versión menos fashion de Bebel que ahora encarno. Ya habrá tiempo para volver a la frivolidad, pero todavía mi mundo y mi cabeza (peinada o no) se enfocan en ti.