Ale, Lucas
Son tiempos trascendentes para nuestra familia. Estamos en las puertas de un cambio que alterará el resto de nuestras vidas.
Sí... Así de grande.
Nunca les he contado esto en este blog porque no quiero empañar lo que ha sido la felicidad de verlos crecer con detalles políticos que no vienen al caso. De hecho tampoco ahondaré mucho en el tema. Simplemente deben saber que la Venezuela en la que nacieron desafortunadamente es otra muy distinta a la que conocimos su papá y yo de niños. Ojalá y el futuro dé un vuelco y cuando lean esto ya el país se haya recuperado y estemos todos juntos de nuevo. Pero hoy la realidad es que la inseguridad se fue de las manos, escasean los productos más básicos (pañales, papel toilet, leche, medicamentos, todo...) y el futuro económico de Venezuela es alarmante. Les confieso que, con todo y eso, yo sigo siendo muy feliz aquí. Tener a la familia cerca para mí todo lo compensa, pero ya mis deseos están por siempre supeditados al amor que siento por ustedes, y quiero darles un futuro mejor donde sus vidas no estén en riesgo, donde no sientan miedo cada vez que salen de casa, donde no tengan que emprender una batalla cotidiana para encontrar un insumo básico, donde podamos ir a un parque sin temor a que nos roben.
Hasta hace muy poco ese deseo estaba limitado por el hecho de que ni yo ni su papá tenemos pasaportes extranjeros, y de que las dificultades de emigrar sin papeles hacían la tarea más complicada. Teníamos un plan inicial, dibujado por su papá, que había decidido hacer un postgrado en Holanda durante un año, para ver si eso le abría posibilidades laborales en otras latitudes. Debo admitir que la idea de irnos los 4, con ustedes tan pequeños, a un lugar tan remoto y con un estilo de vida tan distinto me aterraba. Y me asustaba también consumir buena parte de los ahorros en esa aventura sin saber cuál sería el resultado. Pero estaba dispuesta a hacer el sacrificio por ustedes y, sobre todo, por su papá, quien siempre ha soñado con vivir la experiencia europea.
No obstante, a veces Dios tiene otro plan para nosotros y, en el momento menos esperado, interviene. Debo agregar que siento que fue con la ayuda de abuelito Jorge que me mandó el mejor regalo de cumpleaños que podía darme.
Y, sí... Nos enteramos el día de mi cumpleaños. A punto de comprar pasajes para Holanda. Así de providencial ha sido todo.
Pocas veces en la vida he sentido de forma tan clara que papá Dios asume el timón y marca un Norte. Y ante esta muestra me siento profundamente agradecida y sobrecogida.
Porque la verdad en general me considero una escéptica, una persona muy realista con las metas pegadas al pavimento, pero con esta noticia la vida le dio una bofetada a mi pesimismo.
Siempre había anhelado vivir en Estados Unidos, sin embargo, las opciones para emigrar eran tan complicadas que lo veía como un inalcanzable. Por segundo año consecutivo este año aplicamos a la lotería de la green card, así como quien no quiere la cosa. Jamás pensé en eso como una opción viable.
El día de mi cumpleaños me enteré de que había sido ganadora de la green card y, con eso, todos nuestros planes cambiaron.
En este momento aún estamos en el proceso, pero si todo marcha bien según lo previsto (y así será), dentro de seis meses podríamos estar dando el salto para emigrar a Estados Unidos.
Asusta, mis bebés, asusta mucho. Pero también me tranquiliza saber que hay una salida para ustedes. De que puedan tener un pasaporte que les abrirá las puertas del mundo. Además, con la fortuna de que conocemos a mucha gente y hasta tenemos algo de familia allá. Así que todo es bueno.
Ahora a esperar. A planificar. A disfrutar cada instante mientras estemos aquí en casa, con los nuestros. A retribuir la bendición que acabamos de recibir (estoy tan agradecida con la vida por esta oportunidad que casi me da miedo).
No es momento de pensar en despedidas, sino en los caminos que se abren. Allá vamos, mis nenés.
Ya vienes en camino, pero la dulce espera puede ser muy larga para una mamá impaciente como la tuya. Para hacerla más corta, compartiré contigo cada hito de estos emocionantes nueve meses
martes, 26 de mayo de 2015
jueves, 19 de marzo de 2015
Hola, Lucas
Mi Ale,
De ahora en adelante compartirás este blog con tu hermanito menor, Lucas. Se lo prestarás a raticos para que mamá pueda narrar aquí algunas de sus peripecias también. Tú lo estrenaste y estrenaste también la ilusión de ser padres para nosotros. Eso implica que quizás hayas sufrido las novatadas, pero también que hayas gozado de un protagonismo total, de una exclusividad sabrosa y absoluta.
Cuando quedé embarazada de nuevo me aterraba la idea de no poder querer tanto a tu hermanito como te quería a ti. Me parecía imposible cómo un amor tan grande, podía dejar cabida en mi corazón para alguien más. Pero resulta mi Ale que el corazón se multiplica, se expande con cada hijo. Y Lucas lo ocupa ahora también, aunque no te ha quitado un centímetro de afecto a ti.
Lucas. Bienvenido. Has llegado para "iluminar" nuestras vidas, tal y como indica el significado griego de tu nombre. Tu papá predijo que debido a eso, ibas a ser rubio, y acertó. ¡Eres un catire! Tus cejitas y pestañas son casi blancas, como las de tu tío Gustavo. Y tu mamá se enorgullece de saber que ese es un rasgo que, sin lugar a dudas, viene de ella. Con Ale, todos hablaban del evidente parecido con su papá, y eso me hacía sentir un poquito opacada. Pero ahora con tu brillante cabellera rubia nadie podrá negar que alguito tienes de mí.
También tienes los ojos grandes, muy grandes, como Alejandro. ¡Ambos han sido unos bebés hermosos! Te juro que no entiendo cómo podemos tener unos bebecitos tan perfectos.
Las primeras semanas de tu llegada fue una locura esta casa. Tú pegado al pecho 24/7, Ale demandando atención de su mamá que ahora no podía agacharse a cargarlo por la cesárea, papá vuelto loco con tanta conmoción y labores. Pero hemos superado la prueba y felices. Y aquí vamos y ya son 2 meses desde que naciste.
Al igual que mi Ale, también eres flaquito. Flaquito y negado a engordar, aunque esta vez he logrado asumirlo con más tranquilidad.
Pensé que por obra de magia, esta segunda lactancia sería perfecta y que no tendría que recurrir al tetero, pero nuevamente me ha tocado complementar. Me he sacrificado mucho para que sea lo mínimo Lucas, y mira que es difícil porque eso implica que estés pegado a mi pecho TODO el día y TODA la noche, y he debido soportar dolor debido a una "perla de leche" que me salió.
Es duro esto de ser mujer, pero no creo que uds los tres hombres de mi vida logren siquiera entenderlo. ¿Vendrá una hermanita para acompañarme en esta soledad femenina? Quién sabe, ojalá. Sólo el tiempo lo dirá. En todo caso por ahora estoy inmensamente agradecida con Dios y con la vida por tener a estos 3 caballeros que me acompañan.
De ahora en adelante compartirás este blog con tu hermanito menor, Lucas. Se lo prestarás a raticos para que mamá pueda narrar aquí algunas de sus peripecias también. Tú lo estrenaste y estrenaste también la ilusión de ser padres para nosotros. Eso implica que quizás hayas sufrido las novatadas, pero también que hayas gozado de un protagonismo total, de una exclusividad sabrosa y absoluta.
Cuando quedé embarazada de nuevo me aterraba la idea de no poder querer tanto a tu hermanito como te quería a ti. Me parecía imposible cómo un amor tan grande, podía dejar cabida en mi corazón para alguien más. Pero resulta mi Ale que el corazón se multiplica, se expande con cada hijo. Y Lucas lo ocupa ahora también, aunque no te ha quitado un centímetro de afecto a ti.
Lucas. Bienvenido. Has llegado para "iluminar" nuestras vidas, tal y como indica el significado griego de tu nombre. Tu papá predijo que debido a eso, ibas a ser rubio, y acertó. ¡Eres un catire! Tus cejitas y pestañas son casi blancas, como las de tu tío Gustavo. Y tu mamá se enorgullece de saber que ese es un rasgo que, sin lugar a dudas, viene de ella. Con Ale, todos hablaban del evidente parecido con su papá, y eso me hacía sentir un poquito opacada. Pero ahora con tu brillante cabellera rubia nadie podrá negar que alguito tienes de mí.
También tienes los ojos grandes, muy grandes, como Alejandro. ¡Ambos han sido unos bebés hermosos! Te juro que no entiendo cómo podemos tener unos bebecitos tan perfectos.
Las primeras semanas de tu llegada fue una locura esta casa. Tú pegado al pecho 24/7, Ale demandando atención de su mamá que ahora no podía agacharse a cargarlo por la cesárea, papá vuelto loco con tanta conmoción y labores. Pero hemos superado la prueba y felices. Y aquí vamos y ya son 2 meses desde que naciste.
Al igual que mi Ale, también eres flaquito. Flaquito y negado a engordar, aunque esta vez he logrado asumirlo con más tranquilidad.
Pensé que por obra de magia, esta segunda lactancia sería perfecta y que no tendría que recurrir al tetero, pero nuevamente me ha tocado complementar. Me he sacrificado mucho para que sea lo mínimo Lucas, y mira que es difícil porque eso implica que estés pegado a mi pecho TODO el día y TODA la noche, y he debido soportar dolor debido a una "perla de leche" que me salió.
Es duro esto de ser mujer, pero no creo que uds los tres hombres de mi vida logren siquiera entenderlo. ¿Vendrá una hermanita para acompañarme en esta soledad femenina? Quién sabe, ojalá. Sólo el tiempo lo dirá. En todo caso por ahora estoy inmensamente agradecida con Dios y con la vida por tener a estos 3 caballeros que me acompañan.
Meses intesos
Ale,
Ya eres un niño. Un toddler. Le quedas grande a la palabra "bebé" y yo no he podido seguirte el paso para documentar todo en este blog. Han sido meses intensos y de muchos cambios. Viajaste nuevamente a Estados Unidos donde disfrutaste un montón, empezaste tu kinder y, lo más importante de todo, tienes un hermanito llamado Lucas. Ahora somos cuatro Ale.
Es increíble cómo de pronto te has soltado a hablar, a interactuar, a expresarte... ¡a veces más rebelde que nunca! Hay que aplicar muuuucha psicología para convencerte a hacer ciertas cosas. Y bueno, con la llegada de Lucas te has puesto un poquito celoso (aunque creo que dentro de lo que cabe lo has asumido muy bien), así que las últimas semanas han sido de transición.
Te confieso que me aterraba que te sintieras desplazado y he hecho un gran esfuerzo porque no sea el caso. Creo que lo hemos manejado bien tu papá y yo, pero es complicado porque Lucas está pegado al pecho todo el día, así que al principio te costaba ver a otra personita en los brazos de mamá. Durante nuestra estadía en la clínica (2 días) te quedaste en nuestra casa con tío Alfredo, con el apoyo de Cucú y Fernando. Fueron los primeros dos días que pasamos separados tú y yo. Los primeros en dos años. ¡Terror me daba esa separación! pero te divertiste mucho con tu tío favorito y no fue traumático.
Las primeras semanas tras el nacimiento de Lucas fuiste varias veces a Puerto Azul con tu papá y gozaste mucho. Increíble cómo ya sabías perfectamente a dónde ibas cuando te dijeron playa, y, al llegar allí, cómo ibas al lugar de las cocadas pidiendo "coco", o solicitando tu comida favorita (pizza) de almuerzo.
Tienes tus gustos muy marcados mi Ale y sigues con ese ímpetu que nos cautiva a todos. Cucú está derretida por ti y te consciente mucho. Has pasado mucho tiempo en su casa porque nos ha ayudado un poco con la logística cuando las cosas se complican. También has compartido mucho más con tu familia Rodríguez, a quienes ya reconoces.
Para tus dos añitos te soplamos una torta en el kinder, y luego otra con la familia en el Arca. ¡Disfrutaste mucho abriendo tus regalos y jugando con tus primos! De regalo te dimos algo sencillo pero que te gustó (somos papás sensatos): plastilina y carritos.
A los pocos días de tu 2do cumpleaños caíste con tu primer gran virus. Hasta entonces sólo habían sido gripecitas (y una gripesota con la que tomaste antibióticos) y diarreitas, pero esta vez fueron vómitos y diarrea que te debilitaron tanto que, ante tu negativa de aceptar siquiera agua, tuvimos que llevarte por vez primera a la emergencia. ¡Qué susto mi Ale, qué angustia! Yo sólo quería estar contigo y cuidarte y quererte, y por eso cometí la imprudencia de llevarme a tu hermanito Lucas a ese hervidero de enfermedades, pero me mandaron a irme y te quedaste unas horas allí con papá. Gracias a Dios te recuperaste plenamente y rápido (no sin antes contagiarnos a todos menos a Lucas afortunadamente).
Este resumen se queda tan pero tan corto, pero poco a poco espero poder ir retomando y relatarte tus peripecias...
Ya eres un niño. Un toddler. Le quedas grande a la palabra "bebé" y yo no he podido seguirte el paso para documentar todo en este blog. Han sido meses intensos y de muchos cambios. Viajaste nuevamente a Estados Unidos donde disfrutaste un montón, empezaste tu kinder y, lo más importante de todo, tienes un hermanito llamado Lucas. Ahora somos cuatro Ale.
Es increíble cómo de pronto te has soltado a hablar, a interactuar, a expresarte... ¡a veces más rebelde que nunca! Hay que aplicar muuuucha psicología para convencerte a hacer ciertas cosas. Y bueno, con la llegada de Lucas te has puesto un poquito celoso (aunque creo que dentro de lo que cabe lo has asumido muy bien), así que las últimas semanas han sido de transición.
Te confieso que me aterraba que te sintieras desplazado y he hecho un gran esfuerzo porque no sea el caso. Creo que lo hemos manejado bien tu papá y yo, pero es complicado porque Lucas está pegado al pecho todo el día, así que al principio te costaba ver a otra personita en los brazos de mamá. Durante nuestra estadía en la clínica (2 días) te quedaste en nuestra casa con tío Alfredo, con el apoyo de Cucú y Fernando. Fueron los primeros dos días que pasamos separados tú y yo. Los primeros en dos años. ¡Terror me daba esa separación! pero te divertiste mucho con tu tío favorito y no fue traumático.
Las primeras semanas tras el nacimiento de Lucas fuiste varias veces a Puerto Azul con tu papá y gozaste mucho. Increíble cómo ya sabías perfectamente a dónde ibas cuando te dijeron playa, y, al llegar allí, cómo ibas al lugar de las cocadas pidiendo "coco", o solicitando tu comida favorita (pizza) de almuerzo.
Tienes tus gustos muy marcados mi Ale y sigues con ese ímpetu que nos cautiva a todos. Cucú está derretida por ti y te consciente mucho. Has pasado mucho tiempo en su casa porque nos ha ayudado un poco con la logística cuando las cosas se complican. También has compartido mucho más con tu familia Rodríguez, a quienes ya reconoces.
Para tus dos añitos te soplamos una torta en el kinder, y luego otra con la familia en el Arca. ¡Disfrutaste mucho abriendo tus regalos y jugando con tus primos! De regalo te dimos algo sencillo pero que te gustó (somos papás sensatos): plastilina y carritos.
A los pocos días de tu 2do cumpleaños caíste con tu primer gran virus. Hasta entonces sólo habían sido gripecitas (y una gripesota con la que tomaste antibióticos) y diarreitas, pero esta vez fueron vómitos y diarrea que te debilitaron tanto que, ante tu negativa de aceptar siquiera agua, tuvimos que llevarte por vez primera a la emergencia. ¡Qué susto mi Ale, qué angustia! Yo sólo quería estar contigo y cuidarte y quererte, y por eso cometí la imprudencia de llevarme a tu hermanito Lucas a ese hervidero de enfermedades, pero me mandaron a irme y te quedaste unas horas allí con papá. Gracias a Dios te recuperaste plenamente y rápido (no sin antes contagiarnos a todos menos a Lucas afortunadamente).
Este resumen se queda tan pero tan corto, pero poco a poco espero poder ir retomando y relatarte tus peripecias...
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)






