Ya vienes en camino, pero la dulce espera puede ser muy larga para una mamá impaciente como la tuya. Para hacerla más corta, compartiré contigo cada hito de estos emocionantes nueve meses
sábado, 21 de julio de 2012
Tu ángel guardián
Bebecito. Tienes un ángel guardián muy especial. Se llama Jorge y es tu abuelito que desde el domingo pasado nos estará cuidando desde el cielo a ti y a mí. Mamá ha estado muy muy triste, pues no esperaba su partida tan pronto, aunque parte de mí sabía que era difícil que llegaran a conocerse en esta Tierra. A veces pienso que tu llegada fue un regalo que me hizo Dios para ayudarme a afrontar este adiós. Y claro que tu presencia ha sido un gran consuelo. Tengo que aferrarme a ti, a esa ilusión de cargarte entre mis brazos. Abuelito Jorge (me resulta raro llamarlo así porque no le gustaba q los nietos le dijeran este título: dígame tío, les repetía) se fue en el momento preciso, antes de empezar a sufrir mucho y rodeado de todos los que lo queremos. Agarrado de mi mano y, espero, escuchando mis palabras.
Espero heredes de él su perseverancia, su optimismo infatigable, su tesón, su orden siempre meticuloso, su disciplina, su carisma, su bondad. Fue un papá ejemplar y por eso siempre le estaré agradecida.
Siempre tenía caramelitos de café en su cartera (sí, abuelito jorge llevaba una cartera impecable, guardaba los billetes en un sobre y cada compartimiento estaba debidamente clasificado) y los iba regalando a quien se encontrara en la calle. Era tan simpático que ha podido llegar a presidente si se lo hubiera propuesto, pero optó por los negocios pues era un comerciante nato. Abuelito Jorge jamàs se dejó vencer. Siempre luchó hasta ganar. "Actívate, dinamízate", solía decir. "¡Ya fuiste? Ya viniste?" repetía al pedir un favor. Era la persona más diligente que he conocido en la vida. Solìa decir que si hay algo que uno debe hacer hoy, no hay por qué dejarlo para mañana. Su lema era que había que "echarle pichón a la vida" y no enrollarse, ergo: molestarse, entristecerse, complicarse. Su visión siempre fue pragmática. Tenemos mucho que aprender de él. Quiero que lo conozcas a través de mí. No fue casualidad que sus empleados, a quienes no veía desde hacía 30 años, fueran a despedirlo. Fue un hombre muy querido, "el amor de mi vida", como yo solía llamarlo.
Ayúdame bebecito a tener fortaleza para afrontar su ausencia, este vacío que deja la muerte y que hasta mis 30 años me fue tan ajeno. Mamá no puede, ni debe seguir llorando. Prometo componerme. Por ti, por tu papá Eduardo que se ha portado tan bien en estos días y por él. Por abuelito Jorge que siempre me acompañará en el corazón.
sábado, 7 de julio de 2012
Un secreto que no queremos guardar
Todavía no mucha gente sabe de tu existencia nenecito. Optamos por manejarnos con precaución y esperar un poquito a que crezcas para divulgar la noticia. Pero es muy difícil! Lo que queremos es gritarlo al mundo entero. Compartir esta alegría inmensa con todos.
La primera persona en conocer de ti —aparte de tu papá y yo— fue tu abuela Helenita a la que probablemente llamarás cariñosamente Cucú, como el resto de los nietos. Conté las horas esa madrugada para despertar y poder darle la buena noticia. Está muy ilusionada con tu llegada. De indiscreta, tu mamá impaciente también salió a contárselo a dos de sus mejores amigas, pero bajo estricta confidencialidad. Eso es lo bueno de tener grandes amigos: pueden guardar grandes secretos.
Tu papá esperó una semana para decirle a tu tía Carmen y a Mimina, quien pegó un grito de emoción que hizo que todo el clan familiar de Ginebra se enterase. También se lo contó a tío Pancho, que muy cariñosamente hizo el interrogatorio de rigor: qué sexo queremos que tengas, cuánto tiempo tienes…
Otra confidente fue tu tía política Andrea quien ha estado pendientísima de tu evolución. Hace poco tuvo a Jorge Ignacio y mamá quería disipar algunas dudas mientras esperaba ansiosa la primera consulta con la doctora. “Tienes que contarlo, no puedo contener este secreto mucho tiempo”, me ha repetido varias veces, pero la verdad es que ha mostrado ser todo lo discreta y solidaria que uno espera.
Es difícil guardar este secreto de gente que uno quiere tanto como tu tía Maggie, tu tía Maria y tus tíos Capiello. Ya María Helena se enteró porque mi mamá, de impaciente como yo y práctica, le divulgó el secreto para que te trajera regalitos. ¡Y no te imaginas el primer ajuar que compró! Unos 12 monitos de colores neutros y algunas camisas donde pueda crecer mi barriga aún incipiente. Qué raro se nos hizo a mí y a papá estar frente a esa ropita diminuta. Todavía parece mentira verla allí y pensar que tú estarás para llenarla. Una experiencia surrealista pequeño bebé.
Estoy segura de que este secreto se va a regar pronto. Muy muy pronto, pero mientras tanto shhhh… pórtate bien y no nos hagas pasar pena. A veces creo que el malestar puede comenzar a delatarme.
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