Ya vienes en camino, pero la dulce espera puede ser muy larga para una mamá impaciente como la tuya. Para hacerla más corta, compartiré contigo cada hito de estos emocionantes nueve meses

domingo, 3 de febrero de 2013

Preparados, listos...

Alejandro, mi nené
Llegó la hora de salir al mundo exterior. Sé que da miedo. Yo también siento un sustico inquietante, pero somos un par de valientes que, además, quieren encontrarse frente a frente. Y para eso lo ideal sería que tú dieras el primer paso.
Ya estás listo. Lo dice la doctora, lo dicen tus pulmoncitos ansiosos por respirar por primera vez, lo dicen tus medidas ya de niño recién nacido. Lo dice el tiempo, implacable, de la madre naturaleza. Te lo digo yo, que soy tu mamá: vente nenecito. Aquí te daremos un gran recibimiento. Yo te protegeré y te cuidaré y te querré, así que no hay de qué preocuparse. Es verdad que al principio puede que te sientas raro al descubrir por primera vez que existen sensaciones como el frío, el hambre, la ansiedad, pero también podrás apretar tu manito contra mis dedos, verme a los ojos, explorar tu alrededor. Vivir nené. En un ecosistema más entrópico que mi interior, pero a la vez también fascinante.
La doctora Trina dice que aún no te has encajado. Has debido haberlo hecho hace semanas, pero tan feliz, tan cómodo que estás allí, que no has querido. Ahora mi misión en estos últimos días es alentarte a hacerlo. Animarte, ayudarte. Por eso camino, hago ejercicios que me recomendaron, te hablo. Pero tú solito puedes agarrar el impulso. Sólo así nos evitaríamos una cesárea.
La fecha es el martes 5 nené. No podemos postergarla. Me encantaría saber que estás listo. Que no te estamos apurando, que tú también estás apuradito por nacer. Para responderme lo único que debes hacer es bajar un poquitico, la fuerza de gravedad, papa Dios y yo haremos el resto...

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