Nené,
Pronto nacerás y nos veremos cara a cara, porque, la verdad nenecito es que ya nos conocemos desde hace tiempo. Pronto te tendré en mis brazos y no sabré qué hacer. Pronto nos cambiará la vida a papá y a mí. Serás otro habitante de este apartamento que hemos convertido en hogar. Pronto sabremos a quién te pareces. Iremos descubriendo día a día tus facciones, tus tipos de llanto y tus hitos de desarrollo. Pronto nené lo serás todo, si es que ya no lo eres. Pronto las 24 horas del día girarán en torno a ti. Pronto dejarás de ser un huésped en mi cuerpo (tu primera casita por 9 meses). Pronto no sentiré tus coditos chocar contra mis costillas, ni me distraeré viendo los movimientos alienígenas de mi barriga al ver televisión. Pronto volveré a ser una sola. Y, aunque tendré la fortuna de finalmente de poder tocarte, abrazarte, cargarte, parte de mí siente nostalgia de perder ese privilegio que es saber que hasta ahora habías sido sólo mío, o al menos más mío que de nadie. He aprendido a conocerte. Incluso ya tenemos un lenguaje común, similar al Morse, pero con caricias y patadas. Pronto seré tu mamá en el mundo real Alejandro y, por más que soy muy pero muy impaciente, a veces quisiera detener el tiempo y quedarme saboreando esta ilusión de imaginarte, pensarte, esperarte.
Gracias mi nené por haber venido a acompañarme en estos 9 meses tan acontecidos. Fuiste el mayor consuelo ante la despedida de abuelito Jorge. Me obligaste a ser fuerte y no desmoronarme.
Fuiste el mejor compañero de colas en los cortijos, un gran aliado alimenticio que me invitó a descubrir que las uvas y la patilla son sabrosas. El mejor escucha que jamás se empalagó con mis cursilerías en solitario. Has sido nené, y esto sí que es cliché, una bendición en nuestras vidas.
Es raro. Estas líneas suenan a despedida cuando en realidad ahora es cuando nos veremos, pero tenía que despedirme antes de saludarte... Hasta luego nené, hasta prontito, hasta mañana...
No hay comentarios:
Publicar un comentario