El tiempo vuela, se nos escapa, se impone. El presente huye
hacia el pasado y, contigo, esa sensación se acelera. Parece que fue ayer que sentía
tus patadas en mi vientre, que naciste, que batallaba porque engordaras, que
eras chipilín, pero resulta que ya han pasado cuatro meses. Cuatro meses que
quisiera aprisionar en el ahora para poder revivir cada instante de esta
aventura que ha sido la maternidad. Aprender a tenerte, a cuidarte, a amarte.
Pero, tic tac, tic tac, no puedo. Corres hacia el niño, el adolescente, el
hombre que serás. Y no puedo ni debo detenerte. En esta carrera sólo me queda
acompañarte, hasta lo más lejos que papá Dios me permita.
Creces todos los días, indefectiblemente cada amanecer más
avispado, más ágil, más grande, más persona. Parte de mí quiere retenerte, pero
a la vez otra parte está ansiosa por descubrir la próxima fase: que gatees, que
camines, que me digas mamá. Tic tac, tic tac Alejandro. Detente, apúrate,
espérame…
No hay comentarios:
Publicar un comentario