Ya vienes en camino, pero la dulce espera puede ser muy larga para una mamá impaciente como la tuya. Para hacerla más corta, compartiré contigo cada hito de estos emocionantes nueve meses
viernes, 27 de diciembre de 2013
jueves, 14 de noviembre de 2013
Así te llamamos
Mea culpa... Y por la boca muere el pez...
Yo, que siempre vanaglorié de no caer en clichés de apodos cursis y de siempre mantener mi compostura verbal por más que quisiera a alguien, me desplomé contigo. Me desplomaste nené. Nos has desplomado a todos con tu ternura. Para que quede constancia. Aquí un listado de todos los nombres (uno más cursi que el otro) que te he, hemos y han dicho... A reírte y empalagarte, pues...
1. Cuchi Puchi. Este es mio. Es una derivación del cuchi que le decía a tu papá y al que llegué luego de añños de simples "Edu". Requiere cierta entonación, rapidez y repetición: Cuchi-puchi, cuchi puchi, cuchipuchi.
2. Bim bam bum... Puede combinarse con el anterior: cuchi puchi bim bam bum. Es mío aunque también de tu tío Fernando creo.
3. Mi dulce sol, dulce amor, dulce ilusión. Lo sé... es pa tético. Me averguenza escribirlo, pero te lo he dicho en esos momentos de súbita ternura máxima. Luego se suman al siguiente:
4. Rey sol, dulce amor, dulce sol, dulce ilusión... Es todo como un leit motiv. Cursi cursilísimo... y si me escucharas sería aún más cursi.
5. Nene. Nené.
6. Alejandro
7. Ale
8. Prufs Este es de tu papá. Son varios nombres onomatopéyicos que te dice como el siguiente.
9. Chufli
10. Cuchipongo. Yo otra vez.
11. Cuchíngulo. Yo.
12. Pungo... este es relativamente nuevo y puede tener derivaciones como punguito, pungui pongo...
13. Curi curi, te decía tu tía Ma Helena en Estados Unidos. Requiere de cierto cantico: curiiii curiiiiii.
14. Ñeñe. El clan Capiello en general.
15. Puchingulo.
16. Vumbum.
2. Bim bam bum... Puede combinarse con el anterior: cuchi puchi bim bam bum. Es mío aunque también de tu tío Fernando creo.
3. Mi dulce sol, dulce amor, dulce ilusión. Lo sé... es pa tético. Me averguenza escribirlo, pero te lo he dicho en esos momentos de súbita ternura máxima. Luego se suman al siguiente:
4. Rey sol, dulce amor, dulce sol, dulce ilusión... Es todo como un leit motiv. Cursi cursilísimo... y si me escucharas sería aún más cursi.
5. Nene. Nené.
6. Alejandro
7. Ale
8. Prufs Este es de tu papá. Son varios nombres onomatopéyicos que te dice como el siguiente.
9. Chufli
10. Cuchipongo. Yo otra vez.
11. Cuchíngulo. Yo.
12. Pungo... este es relativamente nuevo y puede tener derivaciones como punguito, pungui pongo...
13. Curi curi, te decía tu tía Ma Helena en Estados Unidos. Requiere de cierto cantico: curiiii curiiiiii.
14. Ñeñe. El clan Capiello en general.
15. Puchingulo.
16. Vumbum.
17. Chuchú
18. Puchíngulo
19. Vumvum
lunes, 4 de noviembre de 2013
Bu!
En tu primer Halloween lo que nos quita el sueño a mi y papá no son tus adorables atuendos de esqueleto o cíclope, sino tus llantos de madrugada clamando porque te pasemos a nuestra cama!
martes, 22 de octubre de 2013
Trotamundos
Alejandro.
Después, se casó tu madrina Maggie y,
debo confesarte que, con lo galán que estabas vestido, le robaste el show a la
novia. Ese trajecito de smoking que te compré cuando estabas en mi barriguita
fue todo un éxito. Como si no bastara con eso paseaste mucho, bastante…. Hmmm,
quizás incluso demasiado: Topotepuy, Colonia Tovar y, sí, finalmente: la
playaaaa. Aunque el pediatra no me dejó meterte en el mar, disfrutaste mucho de
tu piscinita (un pato inflable).
Te has adaptado a todo bebé. Fuiste a centros comerciales, a
museos, parques e incluso a un Baby Gym. Y tanto cambio de rutina, trajo secuelas
en tus patrones del sueño: comenzaste a despertarte de nuevo y con frecuencia
en las noches, un hábito que –aunque desde que estamos en Caracas ha mejorado-
no he logrado erradicar del todo.
Tanto tiempo ha pasado y yo sin tiempo de poder contarte lo
mucho que has crecido en estos últimos meses. Hemos tenido tres meses de mucha
acción. Primero, en julio, vinieron tías y primos nuevos a conocerte y estar en tu bautizo: María
Helena, Carmen, Elisa, Marc, Mathías…
Después, se casó tu madrina Maggie y,
debo confesarte que, con lo galán que estabas vestido, le robaste el show a la
novia. Ese trajecito de smoking que te compré cuando estabas en mi barriguita
fue todo un éxito. Como si no bastara con eso paseaste mucho, bastante…. Hmmm,
quizás incluso demasiado: Topotepuy, Colonia Tovar y, sí, finalmente: la
playaaaa. Aunque el pediatra no me dejó meterte en el mar, disfrutaste mucho de
tu piscinita (un pato inflable).
Luego llegó el momento de cruzar las fronteras. Nos fuimos
los tres a Estados Unidos. Primero Miami, luego Houston y Finalmente San
Antonio donde pasamos un mes tú y yo. Al ritmo de cada escala notamos cambios
impresionantes en tu desarrollo. Al llegar a Houston aprendiste a arrastrarte
sobre tu espalda, a la semana siguiente lo hacías boca abajo y, al cabo de dos
semanas más, ya estabas prácticamente aprendiendo a gatear, técnica que has
dominado a la perfección en estos últimos días en casa.
Mi gran temor era viajar contigo sola de regreso. Tú, el
coche, la pañalera, dos maletas y yo en una cruzada que comenzaba a las 4 am y
tenía una escala de por medio. Fue difícil, agotador extenuante porque unas
fallas en uno de los aviones prolongó la travesía dos horas, pero lo logramos!
Nos tocó una amable abuelita al lado en el vuelo Caracas Miami que me ayudó
contigo para que pudiera comer, llenar las planillas de inmigración y agarrar
las cosas de la pañalera. Viajar con un bebé es complicado, pero viajar uno solo
con un bebé que está aprendiendo a gatear, es aún más difícil. Imposible
lograrlo sin la buena voluntad de los demás. Gracias a Dios, aún existe gente
buena dispuesta a ayudar. A las 7:00 pm, ya estábamos de regreso a casa,
agotados y felices con Papá, a quien reconociste de nuevo rapidito.
En Caracas intento ahora darte esa rutina que tanto
necesitas y estás de lo más contento en tu hábitat familiar. Apenas regresamos
fui corriendo a renunciar a mi trabajo, una decisión difícil que me aterraba,
pero ni por todo el dinero o satisfacción profesional del mundo quería
renunciar a ti: a criarte y cuidarte yo, lo que era incompatible con mi cargo
de Jefe de Suplementos en El Nacional. Igual, mami tiene mucha suerte porque ya
encontramos un “tigre” de medio tiempo que me permitirá seguir produciendo.
Este resumen es un mateo. Pero quería que quedara registrado
lo básico. Ahora poco a poco, de post en post volveremos a los detalles mi bebé
trotamundos…
martes, 2 de julio de 2013
Ni un pelo de tonta
Alejandro, desde que naciste, y
sobre todo estos últimos meses, se me cae mucho el cabello. He leído al
respecto y sí, es tu culpa: el fenómeno es producto del posparto. Pero no
importa mi nenecito, ya crecerá. Al igual que tú, que cada día nos asombras con
nuevas proezas. Mis pelitos están por toda la casa, más ahora que sabes cómo
jalarlo con fuerza. Los veo en tus manitas, en tus brazos, en mi pecho, en el
piso y en tu culito me he topado con un cabellito rubio impertinente.
Con tus recientes habilidades
motoras has cambiado mi look. Adiós (bueno, hasta luego) melenas sueltas,
sarcillos largos, camisas muy cerradas que me impidan darte pecho con
facilidad. Has logrado lo que tu papá en 13 años no ha podido: bajarme de mis
amados tacones, esos con lo que me siento más esbelta y estilizada. Pero por
ti, la vida: me he convertido en una mamá pragmática y (lo admito: me preocupa)
menos coqueta. Jamás arriesgaría caerme contigo en brazos.
A veces se me baja la moral, vuelve
esa autoestima mía tambaleante. Pero, te veo y ya no me queda interés en el
espejo, ni en los complejos. Trato de ponerme lo más linda que pueda para tu
papi, pero siempre pensando en la comodidad maternal. Total, a él siempre le
había gustado esa versión menos fashion de Bebel que ahora encarno. Ya habrá
tiempo para volver a la frivolidad, pero todavía mi mundo y mi cabeza (peinada
o no) se enfocan en ti.
viernes, 21 de junio de 2013
Adivinanzas
Adivina adivinador,
¿Por qué llora mi bebé? ¿Hambre? ¿Sueño? ¿Algún gas?
¿Dientes? ¿Malcriadez? ¿Saturación? No lo sé. Empieza el descarte: pecho, tete,
arrullo, golpecitos en la espalda, canciones de cuna. De pronto, se calma, pero
tan pronto me siento se rompe el hechizo: uaaa uaaa. Alejandro llora. ¿De qué?
¿Rabia? ¿Dolor? ¿Cansancio? Sigo sin saberlo. Volvemos al ritual. “Arrúru nené,
arrúru ratón… Shshshshshsh, tranquilo nené estás con mamá”.
Nada funciona. Pasa el tiempo y ambos nos cansamos: tú de
tanto llanto, yo de tanto consolarte. Y a cada instante crece el nerviosismo de
primeriza: “¿Y si le pasa algo? ¿Será que hice algo mal?”. Vuelvo a mi
bibiliografía mental: aquella web que hablaba sobre la hora de la inquietud,
alguna otra algo decía sobre los cólicos. Vamos a la cambiadora. Siempre te
gusta acostarte allí. Te dejo encima: el llanto alcanza un nuevo decibel: la
rabia de que mamá me soltó. Te abro el monito, tomo la crema de azahar, la paso
por tu nariz y te masajeo el estómago. El bebé se calma. “Lo logré”, piensa la
madre orgullosa (yo). Pero al instante desplomas mis ilusiones, Alejandro.
Uaaaa uaaaa. Casi te ahogas de tanto llorar. Y ahí sí que me alarmo. “Eduardo,
vente por favor no sé qué tiene el bebé”. La llamada a papá. Que venga a
auxiliarnos del desespero. Y entre que el viene, de pronto, cuando ya perdí las
esperanzas de sosegarte, bebé, caes rendido. Llega papá. “Sshshshhh no lo
despiertes, no sabes lo que fue”, susurro en desahogo. ¿Y al final qué era?,
pregunta él. … Buena pregunta. No lo sé, ni lo sabremos.
jueves, 13 de junio de 2013
Tic, tac
El tiempo vuela, se nos escapa, se impone. El presente huye
hacia el pasado y, contigo, esa sensación se acelera. Parece que fue ayer que sentía
tus patadas en mi vientre, que naciste, que batallaba porque engordaras, que
eras chipilín, pero resulta que ya han pasado cuatro meses. Cuatro meses que
quisiera aprisionar en el ahora para poder revivir cada instante de esta
aventura que ha sido la maternidad. Aprender a tenerte, a cuidarte, a amarte.
Pero, tic tac, tic tac, no puedo. Corres hacia el niño, el adolescente, el
hombre que serás. Y no puedo ni debo detenerte. En esta carrera sólo me queda
acompañarte, hasta lo más lejos que papá Dios me permita.
Creces todos los días, indefectiblemente cada amanecer más
avispado, más ágil, más grande, más persona. Parte de mí quiere retenerte, pero
a la vez otra parte está ansiosa por descubrir la próxima fase: que gatees, que
camines, que me digas mamá. Tic tac, tic tac Alejandro. Detente, apúrate,
espérame…
sábado, 8 de junio de 2013
Razones de peso
Esos primeros días en que llegaste a casa todo fue un
aprendizaje. De pronto, teníamos a una tercera personita que dependía
enteramente de ambos (sobre todo de mí) y que lloraba un montón. La primera
noche que pasaste en nuestra casa fue intensa al igual que las sucesivas. Te
parabas cada hora a comer, pero no terminabas de alimentarte bien porque,
plácido y cómodo, te quedabas rendido en mi regazo. Nosotros te quitábamos las
mediecitas, te hacíamos cosquillitas en los pies y tratábamos otras
infructuosas maniobras para despertarte. Confieso que toda la vida creí que dar
pecho era obra de la madre naturaleza, que no tenía mayor complicación y,
tácitamente, juzgaba a quienes se inscribían en cursos de lactancia materna. Yo
me había leído un libro muy útil que me prestó tu tía Andrea y creía que en
esas páginas encontraría todas las respuestas. Además, tenía como ejemplo el
caso de tu tía Ma. Helena que dio pecho de maravilla a Marc durante casi un
año. Estaba segura y determinada a que ese fuera mi caso.
Pero todas las teorías que había leído se desplomaban cada
vez que me enfrentaba al reto de que no te quedaras rendido al comer. Cualquier
intento era en vano.
De todas formas, cada vez que querías (y eso era a cada rato) te pegaba al pecho siguiendo los preceptos de la teoría de la “libre demanda” según la cual yo era súbdita de tu hambre y que sólo ella marcaba la pauta de tu alimentación. Aprendí a hacer de todo contigo pegado a mi pecho: comer, sacar algo de la nevera, caminar por la casa. Abuelita Cucú decía que parecía una indígena!
De todas formas, cada vez que querías (y eso era a cada rato) te pegaba al pecho siguiendo los preceptos de la teoría de la “libre demanda” según la cual yo era súbdita de tu hambre y que sólo ella marcaba la pauta de tu alimentación. Aprendí a hacer de todo contigo pegado a mi pecho: comer, sacar algo de la nevera, caminar por la casa. Abuelita Cucú decía que parecía una indígena!
La lactancia la tuve como meta más por todos los beneficios
que suponía para ti, que por instinto maternal. Siempre me había parecido que
todo eso era un poco “mamífero” y me daba un poco de idea. Sin embargo, bastó
verte allí pegadito junto a mí y mirarme con esos ojitos desde abajo, para que
quisiera (ya por voluntad y no por racionalidad) darte pecho todo el tiempo.
Pero la madre naturaleza nos retó a ti y a mí bebecito. La lactancia no era ni
tan natural, ni tan sencilla como pensaba.
Cuando finalmente aprendí a colocarte en posición para que
agarraras bien el pecho, fuimos a pesarte y desconcertados descubrimos que
seguías estancado en el mismo peso. 2 Kg700. Casi lloro cuando el pediatra me
dijo que debía complementar con fórmula porque estabas muy flaquito.
Aterrada por tu delgadez y los comentarios de terceros sobre lo flaco que estabas, obedecí al médico, pero tan pronto lo hicimos, ese pecho que tanto querías, no lograbas agarrarlo con facilidad. Te frustrabas porque la leche no salía tan rápido como en el teterito. Impaciente como tu mamá, querías todo para ya y succionar era muy fastidioso. Preocupada, llamé a una experta en lactancia y fuimos para hacer todo lo que estaba en nuestras manos por solucionar esa temida “confusión de pezón”, de la que había leído y que ahora experimentábamos en carne propia. Ella, la señora Lolita, dijo que estabas agarrando bien el pecho, que yo tenía buena producción y de que, aunque no sería fácil, podíamos hacer lo posible porque no perdieras la lactancia. Yo debía esmerarme y pegarte a mi pecho todo el día, y tener paciencia ante tu llanto y frustración. Tenía que “venderte” lo agradable del pecho y eliminar por completo el tetero. Como buena alumna, obedecí. ¡Y qué semana pasamos bebé! Pero salimos victoriosos: estabas agarrando el pecho nuevamente con docilidad y te escuchaba tragar. Optimistas, fuimos al control de peso creyendo que la báscula sería un problema del pasado. Pero no. No habías aumentado ni un gramo bebé. Ni un gramo. Y yo me sentía más culpable que nunca por desobedecer al pediatra.
Aterrada por tu delgadez y los comentarios de terceros sobre lo flaco que estabas, obedecí al médico, pero tan pronto lo hicimos, ese pecho que tanto querías, no lograbas agarrarlo con facilidad. Te frustrabas porque la leche no salía tan rápido como en el teterito. Impaciente como tu mamá, querías todo para ya y succionar era muy fastidioso. Preocupada, llamé a una experta en lactancia y fuimos para hacer todo lo que estaba en nuestras manos por solucionar esa temida “confusión de pezón”, de la que había leído y que ahora experimentábamos en carne propia. Ella, la señora Lolita, dijo que estabas agarrando bien el pecho, que yo tenía buena producción y de que, aunque no sería fácil, podíamos hacer lo posible porque no perdieras la lactancia. Yo debía esmerarme y pegarte a mi pecho todo el día, y tener paciencia ante tu llanto y frustración. Tenía que “venderte” lo agradable del pecho y eliminar por completo el tetero. Como buena alumna, obedecí. ¡Y qué semana pasamos bebé! Pero salimos victoriosos: estabas agarrando el pecho nuevamente con docilidad y te escuchaba tragar. Optimistas, fuimos al control de peso creyendo que la báscula sería un problema del pasado. Pero no. No habías aumentado ni un gramo bebé. Ni un gramo. Y yo me sentía más culpable que nunca por desobedecer al pediatra.
La solución era darte la leche con una jeringa, pero no te
gustaba nada y temíamos lastimarte el paladar. El doctor, por su parte,
insistía en que te diéramos un tetero normal aunque eso implicase despedirse
del pecho. Yo no quería la salida fácil, sino lo mejor para ti. Investigando,
dimos con una nueva solución: darte la leche de fórmula con un vasito, en el
que la tomarías como un cachorrito. Era complicado: te emparamabas, se
chorreaba la leche, te entraban más gases. Tu papá se convirtió en el experto
de esa tarea.
Y así seguimos, con el pecho y el vasito, hasta que afianzamos un
poco más la lactancia y encontramos un método menos engorroso. Duramos 3
semanas en eso. Sirvió, pero empecé a notar que quizás tenías gases de más
producto del vasito, así que luego de un arduo arqueo en internet, di con unos
teteros especiales que prometían emular la succión al pecho materno y, por
tanto, evitar la confusión del pezón. Y con eso lo logramos nené. Después de
muchos intentos y lágrimas de tu mamá, fue posible que subieras de peso sin que
perdiéramos del todo el pecho. Eso significaba que seguirías obteniendo los
anticuerpos que sólo la leche materna puede dar.
miércoles, 15 de mayo de 2013
Mucho gusto (la historia de tu nacimiento contada por mamá)
Alejandro
5 de febrero
de 2013. Luego de una mala noche, producto de un coctel de angustia, emoción y
expectación, despertamos papá y yo. Ansiosos, nerviosos, incrédulos. Al cruzar
la puerta de la casa con mi vestidito negro y maleta en mano, un sustico de
escalofrío me invadió: la próxima vez que la atravesáramos seríamos tres. Ya lo
éramos, desde hacía 9 meses, pero ahora estarías afuera de mí y ya la biología
no se encargaría de la enorme responsabilidad de mantenerte feliz y sanito,
como estabas en mi vientre. La maternidad, mi bebé, transformó como un tsunami
toda la perspectiva que tenía de la vida. Soy una antes y otra después de ti.
Has sacado lo mejor de papá y de mí mi querido Alejandro, ¡y lo que nos falta!
Sólo quiero ser mejor, alcanzar esa utópica perfección que mereces.
¡Naciste! Y
desde ese preciso instante nuestras vidas han dado un giro radical, inmenso y
maravilloso. Ni siquiera había tenido tiempo de contarte por aquí, para que
quede registrado por escrito y luego no me traicione mi inclemente mala
memoria, todos los detalles de ese intenso día.
Apenas
llegamos a la clínica nos pasaron a un cuarto con vista al Ávila y comenzó el
proceso de parto. Me dieron una pastillita para colocar bajo la boca que
agilizaría la dilatación. Tenía un centímetro, pero no te habías encajado.
Estabas allí, terquito, renuente a salir de tu cuevita. Así pasaron 4 o 5
horas, con contracciones suaves y manejables. “Esto no es tan doloroso como
dicen”, pensé. Pero apenas íbamos por los 4 centímetros y tu cabecita seguía en
el mismo lugar. Estábamos frente a un proceso de parto lento, difícil y con
posible desenlace en cesárea o uso de fórceps. La doctora sugirió hacer la
cesárea de una vez y no esperar 10 extenuantes horas porque, de lo contrario, no
sería el “parto feliz” que ella quería para nosotros. No tardé en aceptar
cuando ya estaba allí el muchacho con la camilla para llevarnos (a ti y a mí,
no a papá) al quirófano. Porque sí, acababan de darme la terrible primicia de
que ya los papás no podían entrar a las cesáreas. Tenía que armarme de valor y
recibirte allí, vulnerable y sola. Afuera, acompañando a tu ansioso papá quien,
la verdad, estaba bastante sereno, estaban cucú y apetita. La primera más
nerviosa que la segunda, tanto así, que ya le había puesto el ojo a un par de
enfermeras antipáticas.
Casi sin
asimilar lo que ocurría, a eso de las 2 y pico de la tarde, entramos en
quirófano. Debo confesar que no soy la más valiente en esas circunstancias.
Mamá tenía miedo, pero se tranquilizó un poquito al ver allí, entre tantos
enfermeros, una cara conocida: la doctora Trina. Me pusieron la anestesia
epidural y, como por arte de magia, en pocos segundos, ya no sentía nada de la cintura
hacia abajo. Comenzó la cirugía. Y tardó más de lo que tu mamá impaciente
esperaba. En una de esas, de los nervios o por alguna reacción a la anestesia,
me descompensé. Mareos, náuseas fuertes. Más susto: ¿y qué si aquí ahora me
pasa algo? Siempre creí que la cesárea era un paseo, un parto express o algo
por el estilo, pero en ese momento entendía que era una operación como
cualquier otra, salvo por un gran detalle: uno sabe que hay un desenlace feliz,
un regalote, un premio de consuelo.
Algo me
inyectaron y el malestar se disipó. Finalmente, tras maniobras y conversas de
por medio entre los médicos que yo escuchaba sin escuchar, en un instante
glorioso, la doctora ordenó que bajaran un poco la cortina que tapaba mi
vientre porque había llegado el momento de sacarte. Y te vi, boquita abajo, en sus
manos. El anestesiólogo, atónito, tomaba fotos con su blackberry. No todos los
bebés nacen tan bellos como tú. Y para él, que había presenciado cientos de
partos, esa criaturita –mi hijo- merecía un retrato. “De criollito no tiene
nada”, dijo en alusión a tu piel blanquita, como la mía.
De la emoción
moví el brazo y me regañaron. Debía quedarme quieta, inmutable, frente al
episodio más trascendente de mi vida. Y lloramos: tú, por el trauma que supone
nacer; yo, porque contigo nacía la Bebel mamá. Ese bebecito hermoso era mi
hijo.
El espectáculo
fue efímero. Te llevaron a un ladito para pesarte, limpiarte, chequearte.
Minutos que para mí fueron siglos, hasta que al fin la neonatóloga te acercó a
mi rostro, me dijo que estabas sanito (gracias, Dios) y me permitió darte un
beso. Ya allí con tus ojitos inmensos, bien abiertos, me miraste. Y así fue que
nos saludamos en el mundo exterior Alejandrito.
Después, te
sacaron del quirófano, y, según me cuentan, papá estaba allí, tras esa puerta,
esperando su primer encuentro contigo. Y de allí en adelante estuviste en el
retén y detrás de un vidrio viste desfilar a media familia. Todos estaban
embelesados con tu belleza. ¡Es hermoso! decían casi tan incrédulos como papá y
yo, que, modestos o pesimista, esperábamos un nenecito, digamos, promedio; no
ese Adonis que has sido desde tu primer segundo en esta Tierra.
Transcurrieron
más de tres horas desde que naciste hasta que pude volver a verte. Otra espera
que casi se me hizo más larga que los nueve meses de embarazo. Tan emocionada
estaba, que no dormí ni un minuto en la sala de recuperación. Sólo anhelaba que
se despertaran mis piernas y cediera el terrible malestar de vientre para bajar
a verte, para protegerte porque sabía que en ese momento tú me necesitabas
tanto como yo a ti.
Cuando llegó
el camillero a buscarme y bajarme la habitación, le agradecí inmensamente el
que me prometiera quebrantar las normas para llevarme directo al retén.
Bajamos. Movió la camilla cual Meteoro para pasar el puesto de enfermeras, y,
entre todos los familiares, y yo hecha trizas (quería que me vieran radiante,
no en una batica de quirófano recién bajada de recuperación), volví a tenerte
frente a mí. Y lloré. Otra vez.
Una vez en el
cuarto me “adecenté”, dentro de lo que cabe, y recibí las visitas. No podía
hablar por la cesárea. Me dolía todo y nada
me confortaría hasta tenerte conmigo. “Es bello, felicitaciones”, decían
hermanos, cuñadas, primos, tíos. “Igualito a ti”, "igualito a Edu”, los parientes
de cada lado. Y te trajeron. Aleluya. Y, rodeada de ese gentío, vi tus ojitos mirarme
nuevamente y la enfermera te puso en mis brazos. Fui la primera de los dos en
cargarte y, desde ese momento Alejandro, mi corazón no te ha soltado...
martes, 14 de mayo de 2013
Mucho gusto (la historia de tu nacimiento, contada por papá Eduardo)
Luego de un largo, larguísimo, desvelo causado por una inmensa expectativa, nos “despertamos” a las 5.45 para estar en la Policlínica Metropolitana a las 6.20. Metí las maletas y prendí el carro de tu mami, y "Everybody's changing", de Keane arrancó. “Ahh buena música para un viaje tan trascendente” me dije! El trayecto relativamente corto estuvo salpicado de conversaciones intrascendentes que no expresaban lo que realmente estábamos sintiendo: la abrumadora certeza de que regresaríamos a casa con un nuevo integrante en la familia; que ya no seríamos más nunca los 2, que ahora seríamos 3!
Dejé a tu mamá en la clínica con las maletas y estacioné el carro en la calle donde vivía tu abuelito Jorge para ahorrar los 3 días de estacionamiento, y me fui caminando. Llegué, subimos, y al rato pasan a tu mamá a un pequeño cuarto donde le pusieron una sonda y una máquina que nos permitía percibir el sonido de tu corazón y las contracciones.
Llegaron tus abuelitas Cucú y Apetita, muy emocionadas. Como a las 8.30 llega la obstetra, la Dra. Trina y hace el prime tacto: tu no estabass ubicado correctamente porque no terminabas de bajar, y tu mamá tenía 1 cm de. Sugirió a tu mami que tomara una pastilla y esperar a ver.
Como a las 10 u 11 am llega la Dra y hace el 2do tacto: tú sigues empeñado en no ubicarte y tu mamá ya tiene como 3 cm de dilatación. Ordena la aplicación del Pitosin para estimular las contracciones.
Al mediodía vino tu madrina Tía Magy en horas de almuerzo para ver cómo iba la cosa. Cucú aprovecha para almorzar mientras tu pobre mami continúa padeciendo las contracciones y esperando que te ubicaras. Apetita y yo bajamos a comprar unos swandich, jugos y tostones para almorzar en el cuarto mientras hacíamos compañía a tu mamá. Magy tuvo que irse al trabajo!.
Serán como las 3 de la tarde cuando subimos al piso 4 y nos topamos con la Dra. Nos dice lo que nos había dicho varias veces en la consulta a tu mami y a mí, algo así como “yo procuro que la agente tenga su parto natural, sobre todo si son madres primerizas, pero esos partos de 20 horas esperando que el chamo se ubique son una tortura, y suelen terminar en cesárea porque no se termina ubicando”. Trina nos dijo que quería hablar en privado con tu mamá porque mientras le hacía el tacto, serían las 3 de la tarde. Entra al cuarto, donde estaba tu mami y Cucú y escucho los murmullos a través de la puerta. Espero un tiempo y como no me invitaban a pasar, abro la puerta. El tacto había terminado: nada. Estabas empeñado en joder!
Se plantea la cesárea. “Cuándo?” preguntamos “ya” responde Trina, “me pueden colear de una vez en el quirófano”…. Bicho, la cosa era inminente y no estábamos listos, a pesar de que teníamos como 7 horas esperando. “Y cómo es la logística?”, “Bueno, nos llevamos a maría Isabel al quirófano y ustedes esperan acá, viendo la puerta del quirófano porque al bebé lo sacan por ahí como en 45 minutos. Luego … bla… bla… bla”… saltamos tu mami y yo “y yo no puedo entrar??”. Nos explica Trina que por nuevas políticas no se puede entrar pero que no me preocupe, que le dé la cámara que ella toma las fotos, etc etc.
Tu mami de pronto se sintió sola y se puso a llorar. Era el momento más importante de nuestras vidas y no íbamos a poder estar juntos. Traté de tranquilizarla y decirle que todo estaría bien, pero en el fondo me partía el alma dejarla sola.
Ahí mismo se llevan a tu mamá y viene Trina a explicarnos todo el proceso post operatorio. Ella hablaba, daba indicaciones, escribía en el récipe, pero yo estaba absorto en mis pensamientos y asentía sin entender nada: en 45 minutos iba a tener un hijo…!
Trina se va y la operación empieza. Me comí mi sándwich y juguito en 3 segundos sin respirar. La ansiedad me carcomía. Confirmé dos veces la logística con una enfermera, atendí una llamada telefónica de tu tía María que me dijo que su cesárea duró apenas media hora y por eso me propuse a esperar en la puerta del quirófano, porque en cualquier momento podías salir.
Tras una larga espera oigo a lo lejos a la Dra. Trina gritando eufórica algo así como “EEEeeesssssssoooo” y unos aplausos y acto seguido tu primer llanto. Mierda! Me puse frío y corrí a la habitación a buscar a tus abuelas. “Creo que ya nació” dijo, no sé por qué dije el creo, estaba seguro porque ya había preguntado que el único quirófano ocupado en esa zona era donde te estaban atendiendo. Cucú se levantó de un sobresalto y me acompañó a la puerta del quirófano, mientras Apetita llegaba luego de enviar como 20 mensajes de texto a toda la familia, y pegada a su celular.
Entonces apareció un enfermero contigo adentro, desnudito, llorando. Que arrecho!! Eras mucho más bello de lo que yo me había imaginado. Yo siempre tuve la extraña certeza que ibas a parecerte mucho a mí, pero eras como una versión muy mejorada! Ojos gigantes, pero rasgos muy finos. Lo más increíble fueron tus enormes dedos de los pies!... Luego de una avalancha de fotos de Apetita el enfermero siguió su camino y yo tras él viéndote!
A partir de ahí todo fue muy rápido. Bajé a verificar la habitación, subí las maletas, bajé a esperar a que saliera tu mami del quirófano, hablé con la Dra. Trina que me dijo que todo salió muy bien y me dio la cámara, y me confesó que eras tan bello que el anastecista te tomó una foto con su teléfono “y eso que él ve muchos bebés todos los días”.
lunes, 4 de febrero de 2013
El adiós que antecede al saludo
Nené,
Pronto nacerás y nos veremos cara a cara, porque, la verdad nenecito es que ya nos conocemos desde hace tiempo. Pronto te tendré en mis brazos y no sabré qué hacer. Pronto nos cambiará la vida a papá y a mí. Serás otro habitante de este apartamento que hemos convertido en hogar. Pronto sabremos a quién te pareces. Iremos descubriendo día a día tus facciones, tus tipos de llanto y tus hitos de desarrollo. Pronto nené lo serás todo, si es que ya no lo eres. Pronto las 24 horas del día girarán en torno a ti. Pronto dejarás de ser un huésped en mi cuerpo (tu primera casita por 9 meses). Pronto no sentiré tus coditos chocar contra mis costillas, ni me distraeré viendo los movimientos alienígenas de mi barriga al ver televisión. Pronto volveré a ser una sola. Y, aunque tendré la fortuna de finalmente de poder tocarte, abrazarte, cargarte, parte de mí siente nostalgia de perder ese privilegio que es saber que hasta ahora habías sido sólo mío, o al menos más mío que de nadie. He aprendido a conocerte. Incluso ya tenemos un lenguaje común, similar al Morse, pero con caricias y patadas. Pronto seré tu mamá en el mundo real Alejandro y, por más que soy muy pero muy impaciente, a veces quisiera detener el tiempo y quedarme saboreando esta ilusión de imaginarte, pensarte, esperarte.
Gracias mi nené por haber venido a acompañarme en estos 9 meses tan acontecidos. Fuiste el mayor consuelo ante la despedida de abuelito Jorge. Me obligaste a ser fuerte y no desmoronarme.
Fuiste el mejor compañero de colas en los cortijos, un gran aliado alimenticio que me invitó a descubrir que las uvas y la patilla son sabrosas. El mejor escucha que jamás se empalagó con mis cursilerías en solitario. Has sido nené, y esto sí que es cliché, una bendición en nuestras vidas.
Es raro. Estas líneas suenan a despedida cuando en realidad ahora es cuando nos veremos, pero tenía que despedirme antes de saludarte... Hasta luego nené, hasta prontito, hasta mañana...
Pronto nacerás y nos veremos cara a cara, porque, la verdad nenecito es que ya nos conocemos desde hace tiempo. Pronto te tendré en mis brazos y no sabré qué hacer. Pronto nos cambiará la vida a papá y a mí. Serás otro habitante de este apartamento que hemos convertido en hogar. Pronto sabremos a quién te pareces. Iremos descubriendo día a día tus facciones, tus tipos de llanto y tus hitos de desarrollo. Pronto nené lo serás todo, si es que ya no lo eres. Pronto las 24 horas del día girarán en torno a ti. Pronto dejarás de ser un huésped en mi cuerpo (tu primera casita por 9 meses). Pronto no sentiré tus coditos chocar contra mis costillas, ni me distraeré viendo los movimientos alienígenas de mi barriga al ver televisión. Pronto volveré a ser una sola. Y, aunque tendré la fortuna de finalmente de poder tocarte, abrazarte, cargarte, parte de mí siente nostalgia de perder ese privilegio que es saber que hasta ahora habías sido sólo mío, o al menos más mío que de nadie. He aprendido a conocerte. Incluso ya tenemos un lenguaje común, similar al Morse, pero con caricias y patadas. Pronto seré tu mamá en el mundo real Alejandro y, por más que soy muy pero muy impaciente, a veces quisiera detener el tiempo y quedarme saboreando esta ilusión de imaginarte, pensarte, esperarte.
Gracias mi nené por haber venido a acompañarme en estos 9 meses tan acontecidos. Fuiste el mayor consuelo ante la despedida de abuelito Jorge. Me obligaste a ser fuerte y no desmoronarme.
Fuiste el mejor compañero de colas en los cortijos, un gran aliado alimenticio que me invitó a descubrir que las uvas y la patilla son sabrosas. El mejor escucha que jamás se empalagó con mis cursilerías en solitario. Has sido nené, y esto sí que es cliché, una bendición en nuestras vidas.
Es raro. Estas líneas suenan a despedida cuando en realidad ahora es cuando nos veremos, pero tenía que despedirme antes de saludarte... Hasta luego nené, hasta prontito, hasta mañana...
Mañana (Autor: Eduardo papá)
Mañana naces
Ajaxito! Todo cambiará. Mañana serás alguien y nosotros seremos otros!
Tu cuarto es una de las cosas que más nos dio ilusión arreglar, porque a medida que hacíamos cosas, nos identificábamos más contigo, con la idea de que pronto estarás aquí. Lo mejor sin duda fue comprar tus peluches: Wolverine, Batman, The Joker, Frankenstein, Hombre Lobo, Monstro de la Laguna, Momia, Spider Man, Boba Fett, Frodo, Orco, Gandalf y el mejor: Gollum. Tan populares se convirtieron que hasta la torta del Baby Shower fue decorada con esos personajes!. Tu tía María nos hizo 4 cuadritos que Alicia nos imprimió para ponerlos en la pared de enfrente. Y bueno, poco a poco se ha ido llenando con cosas, como el Perro Tiger que te regaló José y Cristina, la virgencita que nos regaló Tío Alfredo e Irene cuando nos casamos, el teatrito de “three little pigs” que nos regaló Apetita, la lonchera de C3-PO que nos regaló Manolete y Tía Carmen!.. en fin!.. ya lo verás!
Aunque no
creas, desde que estás en esa barriguita, hemos cambiado mucho. Tu Mamá se
convirtió en una chef y en una estudiosa, casi médico y psiquiatra, en asuntos
maternales. Incluso visitó la mejor camisa del mundo que nos regalo tu tía
Andrea, algo muy poco común en tu madre!. Yo en cambio me transformé en una
especie de “Bob The Builder”, he hice
cosas que siempre posponíamos. Juntos arreglamos la casa para ti. Remodelamos
un baño, instalamos tu chucha en el otro, pintamos tu cuarto, ajustamos las
gavetas, fumigamos y montamos el estudio. Todo por vos!
Tu cuarto es una de las cosas que más nos dio ilusión arreglar, porque a medida que hacíamos cosas, nos identificábamos más contigo, con la idea de que pronto estarás aquí. Lo mejor sin duda fue comprar tus peluches: Wolverine, Batman, The Joker, Frankenstein, Hombre Lobo, Monstro de la Laguna, Momia, Spider Man, Boba Fett, Frodo, Orco, Gandalf y el mejor: Gollum. Tan populares se convirtieron que hasta la torta del Baby Shower fue decorada con esos personajes!. Tu tía María nos hizo 4 cuadritos que Alicia nos imprimió para ponerlos en la pared de enfrente. Y bueno, poco a poco se ha ido llenando con cosas, como el Perro Tiger que te regaló José y Cristina, la virgencita que nos regaló Tío Alfredo e Irene cuando nos casamos, el teatrito de “three little pigs” que nos regaló Apetita, la lonchera de C3-PO que nos regaló Manolete y Tía Carmen!.. en fin!.. ya lo verás!
Un gentío ha
sido super generoso contigo. Nos han prestado y regalado muchas cosas muy
útiles. Tu primo Enrique Croes nos prestó la cambiadora, biblioteca y la silla de
carro, tus tíos Maria Antonieta y Gustavo la cuna y miles de artículos, al
igual que tu tía Andrea y Jorge. Tu tía María Helena también se portó genial
regalándote muchas cosas y llevando a tu Mamá a pasear por todos los Mall de
San Antonio. Tu tío Alfredo te trajo ropita de Costa Rica. Tus tíos Carmen, María y Marileo nos han prestado y regalado otras
muchas cosas. La madrina Magy una gran camisa de Lucky Luke. Y ni qué decir de
todos los invitados al Baby Shower. Gracias a ellos tenemos una grandísima
reserva de pañales que nos protege de cualquier escasez.
Ayer soné
contigo. Era extraño. Estábamos por salir de la clínica para llevarte a tu casa
por primera vez, pero la clínica era como una playa, tú tenías arena y yo
andaba aterrado cargándote para que no forzaras tu cuellecito. Fue muy bonito,
porque sonreías mucho, como si nos entendieras, y Bebel y yo estábamos tan
contentos, improvisando, y tratando de ser lo que mañana seremos y para lo cual
nadie nos enseña: ser padres.
Ya son 39 o
40 semanas de complicidad haz tenido con tu mami. Ella no pasa un segundo sin
verse la barriga, o hablarte. Y traman juntos como vacilarme. Cada vez que tu
mami me interrumpe mientras leo o veo TV (como cada 5 minutos aproximadamente)
gritando “mira, mira, mira” tu dejas de moverte apenas veo o pongo mi mano en
la barriga.
Sin embargo,
cuando nazcas tendremos nuestra complicidad también. Ya hicimos un pacto de
comprarle sus regalos juntos, como hicimos con esa cartera que le regalamos en
navidad. Pero irá más allá. Vendrá la complicidad de compartir tantas cosas que
serían la envidia de cualquier niño, empezando por mí. Quién puede presumir de
tener en su casa 4 cascos del Señor de los Anillos?
Tendrás los
mejores juguetes del mundo: una vasta colección del Señor de los Anillos que
van desde Gil-Galad hasta Boca de Saurón!, una grandiosa colección de libros,
donde destacan excelentes novelas históricas que van desde la guerra de Troya
hasta tu tocayo Alejandro, clásicos griegos (tengo el ciclo troyano casi
completo), extraordinarios comics y novelas gráficas, Alan Moore, Sacco, etc.,
terror como Lovecraft, Stoker, y qué decir de los libros de tu madre, como
“tenemos que hablar de Kevin”. Ya me imagino a cada uno sugiriéndote algo que
leer. Por supuesto, no tenemos todo, y a medida que vayas creciendo te iremos
comprando libros, así que prepárate para conocer a Tin Tin, Asterix, Lucky
Luke, a Harry Potter, y sobre todo, a Valinor, Beleriand y la Tierra Media!.
También
veremos mucho fútbol, iremos al Comic-Con con tus primos mayores y tu padrino
(Mathias, Manolete y Luis Alfredo), viajaremos bastante y en fin… le sacaremos
jugo a tantas cosas!. Porque vivir es precisamente eso, vivir. Y en nosotros
tendrás unos padres que queremos que ante nada, que disfrutes tu vida. Créeme
que en mí tendrás un Gandalf, que te propondrá para cualquier aventura, aunque
no sepas de que trate!!!
Bueno
chamín… mañana empieza todo. Comienzas a vivir de verdad…
Se me viene
a la cabeza esa imagen de Bilbo Baggins saltando una cerca mientras grita entusiasmado
“I´m going on an adventure”… pues sí.
Mañana empieza! Disfrútala! Será una gran aventura!
domingo, 3 de febrero de 2013
Preparados, listos...
Alejandro, mi nené
Llegó la hora de salir al mundo exterior. Sé que da miedo. Yo también siento un sustico inquietante, pero somos un par de valientes que, además, quieren encontrarse frente a frente. Y para eso lo ideal sería que tú dieras el primer paso.
Ya estás listo. Lo dice la doctora, lo dicen tus pulmoncitos ansiosos por respirar por primera vez, lo dicen tus medidas ya de niño recién nacido. Lo dice el tiempo, implacable, de la madre naturaleza. Te lo digo yo, que soy tu mamá: vente nenecito. Aquí te daremos un gran recibimiento. Yo te protegeré y te cuidaré y te querré, así que no hay de qué preocuparse. Es verdad que al principio puede que te sientas raro al descubrir por primera vez que existen sensaciones como el frío, el hambre, la ansiedad, pero también podrás apretar tu manito contra mis dedos, verme a los ojos, explorar tu alrededor. Vivir nené. En un ecosistema más entrópico que mi interior, pero a la vez también fascinante.
La doctora Trina dice que aún no te has encajado. Has debido haberlo hecho hace semanas, pero tan feliz, tan cómodo que estás allí, que no has querido. Ahora mi misión en estos últimos días es alentarte a hacerlo. Animarte, ayudarte. Por eso camino, hago ejercicios que me recomendaron, te hablo. Pero tú solito puedes agarrar el impulso. Sólo así nos evitaríamos una cesárea.
La fecha es el martes 5 nené. No podemos postergarla. Me encantaría saber que estás listo. Que no te estamos apurando, que tú también estás apuradito por nacer. Para responderme lo único que debes hacer es bajar un poquitico, la fuerza de gravedad, papa Dios y yo haremos el resto...
Llegó la hora de salir al mundo exterior. Sé que da miedo. Yo también siento un sustico inquietante, pero somos un par de valientes que, además, quieren encontrarse frente a frente. Y para eso lo ideal sería que tú dieras el primer paso.
Ya estás listo. Lo dice la doctora, lo dicen tus pulmoncitos ansiosos por respirar por primera vez, lo dicen tus medidas ya de niño recién nacido. Lo dice el tiempo, implacable, de la madre naturaleza. Te lo digo yo, que soy tu mamá: vente nenecito. Aquí te daremos un gran recibimiento. Yo te protegeré y te cuidaré y te querré, así que no hay de qué preocuparse. Es verdad que al principio puede que te sientas raro al descubrir por primera vez que existen sensaciones como el frío, el hambre, la ansiedad, pero también podrás apretar tu manito contra mis dedos, verme a los ojos, explorar tu alrededor. Vivir nené. En un ecosistema más entrópico que mi interior, pero a la vez también fascinante.
La doctora Trina dice que aún no te has encajado. Has debido haberlo hecho hace semanas, pero tan feliz, tan cómodo que estás allí, que no has querido. Ahora mi misión en estos últimos días es alentarte a hacerlo. Animarte, ayudarte. Por eso camino, hago ejercicios que me recomendaron, te hablo. Pero tú solito puedes agarrar el impulso. Sólo así nos evitaríamos una cesárea.
La fecha es el martes 5 nené. No podemos postergarla. Me encantaría saber que estás listo. Que no te estamos apurando, que tú también estás apuradito por nacer. Para responderme lo único que debes hacer es bajar un poquitico, la fuerza de gravedad, papa Dios y yo haremos el resto...
viernes, 1 de febrero de 2013
El primer Niño Jesús
Nenecito, vino la Navidad y se fue, y no quedó ni rastro en este blog. Pero ahora, un poco tarde y con más tiempo entre manos, pretendo remediarlo. Tú fuiste el gran protagonista decembrino. Nos pusiste a trabajar mucho a papá y a mí: decorando tu cuarto, pintando las paredes, ordenando todo... Pero todas fueron tareas divertidas porque las emprendimos con muchísima ilusión y expectativa.
Aunque aún no has nacido, ya el Niño Jesús te visitó en El Arca el 25 y además me mandaste muchos regalitos con tu papá. Una cartera preciosa con una cartica cuchi que él mismo redactó en tu nombre. Tienes un buen emisario. Serán cómplices, un dúo dinámico, lo sé. Abuelita Cucú y Mimina te compraron los atuendos tejidos que tanto anhelaba tu mamá, y hasta una aguja para tejer que aún no he podido estrenar por inexperta. Y pensar que este diciembre de 2012 fue apenas un micro ejemplo, un pequeño experimento de la inmensa ilusión que será verte abrir regalitos en los años que vendrán...
Aunque aún no has nacido, ya el Niño Jesús te visitó en El Arca el 25 y además me mandaste muchos regalitos con tu papá. Una cartera preciosa con una cartica cuchi que él mismo redactó en tu nombre. Tienes un buen emisario. Serán cómplices, un dúo dinámico, lo sé. Abuelita Cucú y Mimina te compraron los atuendos tejidos que tanto anhelaba tu mamá, y hasta una aguja para tejer que aún no he podido estrenar por inexperta. Y pensar que este diciembre de 2012 fue apenas un micro ejemplo, un pequeño experimento de la inmensa ilusión que será verte abrir regalitos en los años que vendrán...
jueves, 31 de enero de 2013
Fotos de ti, fotos de nosotros
Juguemos a las adivinanzas... A ver. Quién es este que aparece aquí posando en sus 36 semanas de vida? A quién se parece? Yo digo, con un poco de celos, que a tu papá. Pero se escuchan otras apuestas... La doctora dice que eres cachetón y que tienes mucho pelo. Yo sólo sé que ante mis ojos serás un galán.
No eres el único que ha sido retratado últimamente. Contra todos los pronósticos decidí pedirle a Gaby que nos tomara unas foticos a Eduardo y a mí para que quedara registro de la barriga, del embarazo, de ti (visto desde afuera).
No eres el único que ha sido retratado últimamente. Contra todos los pronósticos decidí pedirle a Gaby que nos tomara unas foticos a Eduardo y a mí para que quedara registro de la barriga, del embarazo, de ti (visto desde afuera).
domingo, 27 de enero de 2013
Ternura en el tendedero
Parece mentira, pero uno de los momentos más felices y de mayor ilusión durante este embarazo fue lavar tu ropita. Primero vino la rigurosa investigación: cuándo hacerlo? (no quería que volviera a ensuciarse, pero a la vez tampoco dejarlo para último minuto); qué debía usar? (jabón especial para bebés y nada de suavizante), cómo debía dividir las cargas de ropa (por edad? por color? por tipo de tejido?), cómo secarla? (secadora o tendedero?). De pronto, algo tan sencillo como lavar la ropa (lo que he hecho cientos de veces sin ningún resquemor) se convirtió en un operativo titánico, premeditado y que emprendía con cierto nerviosismo.
No quería dañar tus monitos, contaminarlos con mi ignorancia. Así que, como buena periodista, investigué e investigué. Consulté a mamás expertas, a mamás recientes, páginas especializadas en Internet... Y, luego de todo ese arqueo, ideé mi propia fórmula: lavaría la ropa en esas vacaciones decembrinas porque era mucha y no quería estar corriendo a última hora. La ordenaría por colores y tipo -sin importar la edad- para optimizar el lavado y economizar. Le pondría sólo un poquito de detergente especial para bebés. Cero suavizante. La secaría en el tendedero. Cero secadora. La guardaría en bolsas herméticas especiales para ropa divididas por edad (recién nacido, hasta tres meses, de tres a seis meses, de seis a 9 meses, y de 9 meses al año). Y así lo hice. Y en cada uno de esos interminables ciclos de lavado no pude evitar sonreír todo el tiempo como si fuera una actividad idílica y trascendente.
Ver tu ropita cuchi, tan pequeñita, sobre el tendedero fue una señal inequívoca de que pronto estarías en nuestras vidas. Y tu papá y yo la admiramos con ternura, en un acto de contemplación similar al que uno realiza en los museos frente algún lienzo. Y es que, tú eres y serás nuestra mayor obra de arte...
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